Artículos — 05 mayo 2012
Cata de viejos ‘millésimes’ de Larmandier-Bernier

No hay mejor modo para finalizar una jornada en la Champagne, que en casa de un vigneron entregado a hacerte vivir buenas emociones con sus viejos millésimes. Si este vigneron se llama Pierre Larmandier, acompañado de su esposa Sophie y de dos de sus tres hijos, Jules y Georges, junto a un grupo de buenos amigos, la experiencia se convierte en un privilegio.

Champagne Larmandier-Bernier, situada en Vertus, al sur de la Côte des Blancs, merece un capitulo especial. Hoy vamos a centrar la atención en los vinos que tuvimos ocasión de degustar y comentar, con quien los ha visto nacer, antes de que las uvas empezaran a aparecer y crecer en la cepa.

Empezamos con el champagne básico de la casa. Básico por decirlo de algún modo, porque se trata de un vino exuberante: Larmandier-Bernier Terre de Vertus, non millésime, aunque se trata de un 2007 y non dosé (sin licor de expedición después del degüelle). Un vino con fina burbuja, con aromas florales, con gran mineralidad en boca, una acidez redonda y muy persistente en boca.

A partir de ese momento, Pierre Larmandier realizaba el degüelle à la volée (a mano), de cada todas y una de las botellas que degustaríamos posteriormente, excepto en el caso de dos millésimes: 1985 y 1975.

El millésime 2009 está elaborado con uvas procedentes de las parcelas que Larmandier posee en Avize, Grand Cru situado más al norte de la Côte des Blancs. Un vino todavía muy joven pero que ya muestra cierto carácter, con una acidez vibrante, untuoso, graso y crujiente en boca. El millésime 2002 de Cramant, otro de los emblemáticos Grand Cru de la zona, posee un gran potencia aromática, apreciándose delicados aromas florales, de fruta madura, con sensaciones cítricas en boca, donde se muestra fresco y profundo.

La siguiente cuvée fue la correspondiente a la cosecha 1999 (80% Cramant y 20% Vertus), en botella Spécial Club. Un vino algo cerrado al principio pero que al cabo de unos minutos empezó a abrirse mostrando cierta frescor. El siguiente fue el millésime 1985, también en botella Spécial Club aunque con el formato más antiguo, con la misma base en el assemblage que el anterior, aunque este presentaba una complejidad asombrosa, aromas de piel de naranja, tabaco rubio, champiñón, todo ello envuelto con una extraordinaria frescor.

Seguimos la sesión con el Spécial Club millésime 1979, con la misma base también que los anteriores: confitados, frutos secos, buen equilibrio y frescor, un vino que conserva su carácter mineral, intensidad y untuosidad. A los grandes chardonnays de la Côte des Blancs les cuesta mucho morir!

Pierre Larmandier nos sirvió a continuación el millésime 1985 que habíamos probado anteriormente después del degüelle pero al que se le realizó esta operación en aquella época, para poder comprobar la distinta evolución del vino en contacto con las lías y el que se conserva con el tapón de corcho definitivo. Al principio se muestra un poco cerrado, pero a medida que se va abriendo nos encontramos ante un vino con una enorme complejidad. Aromas de piel de naranja, fruta confitada, ahumados y tostados en un recorrido con una persistencia notable.

El último champagne de la sesión fue el Spécial Club millésime 1975, cuyo degüelle se realizó en la época. Parece mentira que un vino con esta edad pueda mantener esta vivacidad y esta frescor, con infinidad de sublimes matices aromáticos y en boca, que por momento, parecen trasladarte en el tiempo. Esa es la magia del champagne.

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